Compartir Mañoño Ambos querían dejar la camaCon la angustia reflejada en sus rostros, voltean y se miran.Pero no alcanzan a percibir quien es, quien les llama.Con esfuerzo logran ponerse en pie. Caminan hacia la indescifrable imagen que los seduce.Escuchan: «Ustedes son pálidos despojos cuando me hago presente. Deben alegrarse porque dejan todo atrás…».Los toma de la mano y los tres desaparecen. Navegación de entradas Cultura Impar: Los derechos humanos ¿sin comisión? Carlos Medina Plascencia presentó su libro «Un México para Todos»