Compartir

Por Daniel Lee

En Los Ángeles, California, comunidades migrantes comenzaron a organizar sistemas de alerta vecinal para advertir sobre operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La iniciativa surge en el barrio de Highland Park, donde organizaciones civiles y residentes instalaron alarmas sonoras en espacios públicos y propiedades privadas para notificar sobre la presencia de agentes federales, permitiendo que inmigrantes en situación irregular puedan resguardarse y evitar detenciones.
A través de redes sociales circularon videos que muestran sirenas rojas colocadas en calles y zonas comerciales del vecindario. Estos dispositivos forman parte de un sistema comunitario de advertencia diseñado por activistas y vecinos, quienes también han establecido protocolos de seguridad ante la llegada de autoridades migratorias.
La necesidad de estas alertas responde a una realidad clara: las redadas ocurren con rapidez, discrecionalidad y escasa supervisión pública, mientras las comunidades carecen de mecanismos efectivos de defensa inmediata, asistencia legal o protección institucional. Ante ese vacío, los residentes han optado por construir sistemas paralelos de advertencia y protección.
El fenómeno refleja el surgimiento de formas de autodefensa social frente a un aparato estatal percibido como amenaza directa. No se trata de un ejercicio comunitario ante emergencias naturales, sino de ciudadanos organizándose para enfrentar operativos gubernamentales que alteran la vida cotidiana, generan temor colectivo y tensionan el orden social.
Que un barrio deba crear su propio sistema de alarma para prevenir detenciones migratorias evidencia una crisis de confianza institucional. El protocolo diseñado por los activistas —evacuar la vía pública, buscar refugio y permanecer en confinamiento— reproduce dinámicas propias de escenarios de emergencia y muestra cómo la política migratoria ha transformado espacios civiles en entornos de vigilancia permanente.
El surgimiento del llamado Grupo de Apoyo de Highland Park refleja esta respuesta social ante la ausencia de protección estatal. Vecinos, comerciantes y activistas han asumido funciones de protección, información y asistencia humanitaria.
El financiamiento colectivo para adquirir las alarmas, la distribución de despensas para migrantes vulnerables y la coordinación de redes de vigilancia ciudadana evidencian el fortalecimiento de estructuras comunitarias de resistencia.
Según reportes difundidos por CBS News, al menos veinte sirenas pueden activarse mediante una aplicación móvil, mientras activistas citados por KTLA describen campañas informativas, distribución de volantes y brigadas ciudadanas equipadas con silbatos para advertir sobre la presencia de agentes federales.
Más allá de su carácter local, la instalación de alarmas anti-redadas posee una dimensión política significativa. Representa una forma de resistencia civil frente a políticas percibidas como injustas y cuestiona la legitimidad de las estrategias de control migratorio basadas en operativos coercitivos, que han profundizado la clandestinidad social y fortalecido redes informales de protección.
La participación de ciudadanos estadounidenses en estas iniciativas —prestando propiedades para instalar alarmas o integrándose en brigadas de vigilancia— evidencia que el conflicto trasciende la condición migratoria y se convierte en un debate más amplio sobre derechos civiles, convivencia social y límites del poder estatal.

Sígueme en mis redes sociales: https://www.facebook.com/daniel.lee.766372/ @DANIELLEE69495 https://www.facebook.com/profile.php?id=61575781711542