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Por María Esther Beltrán Martinez   Fotos J. Carlos Santana

Málaga, España.-  El Museo Carmen Thyssen Málaga  presenta “Mario Fortuny. Dibujos” exposición que destaca el dibujo de uno de los maestros del siglo XIX. Es en la Sala Noble donde se presenta el trabajo de  Mariano Fortuny y Marsal (Reus, 1838 –Roma, 1874). Fortuny en la disciplina del dibujo – explican –  fue un verdadero maestro, dotando a sus obras de una visión adelantada a su tiempo y volcando en ellas toda su original y moderna personalidad artística.

 “Mariano Fortuny. Dibujos” reúne 28 dibujos y cuatro grabados del autor procedentes del Musée Goya de Castres (Francia).

La directora artística del Museo Carmen Thyssen Málaga, Lourdes Moreno, explica que la muestra recoge los principales temas que Mariano Fortuny, el pintor español más internacional del siglo XIX, trató a lo largo de su vida artística, tanto en su pintura como en los dibujos y grabados. De sus escenas de la vida cotidiana y temas orientalistas sobresale el minucioso y concienzudo estudio del natural que Fortuny aplicaba a sus retratos y personajes, cualidades que en la disciplina del dibujo cobraron singular fuerza expresiva.

“Su fascinación por el paisaje y la naturaleza también destacan en esta exposición, con apuntes que evidencian el interés del artista por la luz y la pintura al aire libre, de la que fue sin duda un precursor anticipándose a la libertad de trazo que llegaría a finales del siglo, ya tras su fallecimiento, con el impresionismo”.

En palabras de Lourdes Moreno, “si en 2025 iniciamos el año con Zurbarán, en este 2026 otro gran maestro del arte español abre nuestra programación expositiva: Mariano Fortuny y Marsal, una verdadera referencia de su tiempo que alcanzó la categoría de mito, quizá por su temprana muerte a los 36 años; un artista cuya sombra es muy alargada, gracias a haberse revelado como una inusitada

punta de lanza de la modernidad en la pintura y, como puede verse en esta exposición, también en el dibujo”.

En la inauguración estuvo presente la directora  del Musée Goya de Castres,  Joëlle Arches, indicó que su museo  posee uno de los más importantes fondos de obra gráfica de Fortuny, compuesto por más de 80 dibujos y grabados y fruto de la generosa donación de Henriette Fortuny, nuera del artista, en 1950, y también de compras posteriores realizadas por el museo. 

Sobre el artista se conoce que su condición de artista viajero -residió en lugares tan diversos como Barcelona, Marruecos, Roma o Granada- y su preferencia por el mundo oriental son el caldo de cultivo de unas obras que cautivan la mirada del espectador por su vivacidad y sencillez, por la maestría con que unos pocos y ágiles trazos de tinta, carboncillo o acuarela dan forma a personajes y ambientes en las más variadas actitudes.

Destacan que “Mariano Fortuny. Dibujos» supone también una oportunidad para calibrar la importancia que el dibujo ejerció en el crecimiento creativo del pintor de Reus. Formado en el sistema académico, donde el dibujo venía siendo la base de la práctica artística desde el renacimiento, fue especialmente en esta disciplina en la que Fortuny dio rienda suelta a su talento, a su creatividad, a su capacidad de resolver desafíos compositivos y a evidenciar su arrojo y autoexigencia, lo que desembocó en propuestas de una palmaria modernidad, generando en su tiempo -y aún hoy- una verdadera fascinación por su obra en el mundo del arte.

El relato expositivo ha sido concebido como un acto de celebración de la capacidad que tuvo Fortuny de trascender su tiempo histórico, hasta el punto de erigirse, debido a la brevedad de su existencia y al éxito alcanzado, en un personaje revestido de un aura mítica, tanto antes como después de su inesperado deceso. Transcurridos más de 150 años desde su desaparición, contemplada con la sensibilidad contemporánea su figura emerge como el emblema de una modernidad vislumbrada, de una ambición desmedida por superar los límites de unas convenciones visuales deudoras de la tradición ochocentista.

Para Francesc Quílez Corella. Comisario del Año Fortuny la contemplación de algunas de sus obras, más allá de su refinamiento técnico o de ejercer un misterioso efecto de imantación, nos ayuda a descubrir a un artista inadvertido, casi desconocido, capaz de establecer con el soporte de papel una relación idílica. En estos trabajos emerge un creador insólito, que con su exacerbada sensibilidad es capaz de despertar en nosotros el registro de la experiencia estética. Sus dibujos nos trasladan a un lugar inexplorado, en el que el lenguaje artístico activa los resortes de nuestras emociones y nos permiten gozar de un universo plagado de imaginación, fantasía, hedonismo y belleza.

Sin renunciar a las referencias literarias, deudoras de las convenciones del lenguaje de su época, que encontramos en muchas de sus creaciones pictóricas, o al principio de verosimilitud que rige su manera de entender la práctica artística, las obras dibujadas exploran lugares insospechados y en ellos es fácil observar un anhelo de libertad, de superación de las referencias visuales tradicionales, con el fin de dejarse arrebatar por las pulsiones más instintivas. Las ideas artísticas adquieren una nueva dimensión, se nos muestran luminosas y despojadas de los condicionamientos del mercado artístico y de los gustos arcaicos de una clientela que no acostumbraba a tolerar las desviaciones heterodoxas.