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Por Miguel Tirado Rasso

No obstante, su larga experiencia
en la vida política del país, el senador
tabasqueño pecó de ingenuo en el
proceso de la sucesión presidencial de 2024.

El nuevo período de sesiones del Senado inicia con baraja nueva. Bueno, al menos, en el caso de su carta principal. El pasado primero de febrero, Adán Augusto López dejó la coordinación del grupo parlamentario de Morena y la presidencia de la Junta de Coordinación Política. Una decisión personal, según su dicho, tomada “en las últimas horas, cuando se abrió la posibilidad de ir a hacer trabajo político electoral rumbo al 2027,” afirmó.

En la conferencia de prensa que dio a los medios, el senador explicó que, tal como lo había hecho en otras etapas de su vida política, cuando fue diputado local, diputado federal, senador de la República, en su primera ocasión, gobernador y secretario de Gobernación, por diferentes causas había dejado los cargos para asumir otras funciones. Una referencia que difícilmente pudiera compararse con
con este caso, pues seguramente en los anteriores ejemplos, los cambios fueron para escalar en su carrera política, mientras que, ahora, resulta innegable que su renuncia a estos altos cargos en el Senado, significan un retroceso en su posicionamiento político. Una caída, pues.

Como no hay más información de cómo se dieron los hechos y la explicación del Adán Augusto López no parece muy sólida, solo queda especular sobre las razones de este cambio, atendiendo a las circunstancias políticas alrededor del caso.

No obstante, su larga experiencia en la vida política del país, el senador tabasqueño pecó de ingenuo en el proceso de la sucesión presidencial de 2024. El político supuso que, haber sido incluido en el exclusivo club de las corcholatas, como el presidente AMLO denominó a los aspirantes oficiales para la candidatura presidencial por Morena y, por existir una muy estrecha cercanía con su paisano, quien lo consideraba su “hermano”, la encuesta, que definiría al ganador, le sería favorable. Pero no fue así. La “favorecida por este método” fue Claudia Sheinbaum. Un resultado que mucho le molestó y tardó en digerir, sin preocuparle ocultar su inconformidad.

Como lo había previsto el orquestador de este proceso y para evitar fracturas internas en el movimiento y, sin ningún respeto para quien lo fuera a sustituir, López Obrador dispuso nombramientos para los perdedores de la encuesta. A Adán Augusto le tocó la coordinación de los senadores de Morena y, por la mayoría de su bancada, la presidencia de la Junta de Coordinación Política. Los cargos a los que ahora “renunció.”

Durante los 16 meses de la Presidencia de Claudia Sheinbaum, el comportamiento del senador López fue, en ciertos momentos, hasta un tanto displicente e irrespetuoso con la Titular del Ejecutivo. Era evidente, que sus prioridades no estaban en Palacio Nacional y que su lealtad, incondicional, estaba en Palenque, con quien lo había elegido para el cargo.

Adán Augusto, jugaba en otro equipo y la Presidenta necesitaba gente de su confianza en el Congreso. La sombra de Palenque, le hacía difícil tomar la decisión del cambio. Pero el pasado del propio senador, que, cuando gobernador nombró como titular de la Secretaría de Seguridad Pública del estado, a su viejo amigo Hernán Bermúdez Requena, quien, supuestamente, resultó ser cabeza del grupo criminal, La Barredora, además de socio del CJNG, le movió el piso. El escándalo que significó el resultado de las investigaciones, no fue menor. El tabasqueño argumentó en su defensa, que nunca se enteró de los malos pasos de su amigo y colaborador. Algo difícil de creer, habiendo sido tan cercanos.

Luego aparecieron, en el SAT, cuentas que no cuadraban con sus ingresos como senador. Cerca de 79 millones de pesos de origen incierto, que trató de justificar aduciendo actividades empresariales, honorarios por asesorías legales y trabajos notariales, que, como legislador, por ley, estaba impedido ejercer. Más recientemente, se publicó una nota periodística en la que se acusaba al senador de haber incrementado, de manera drástica, la partida presupuestal de
manejo discrecional asignada a la presidencia de la Junta de Coordinación Política, en más de un 11,000 por ciento. Recursos que el senador disponía sin necesidad de rendirle cuentas a nadie. Además de otros detallitos, como sospechas de su participación en el huachicol fiscal.

En estos antecedentes, además en las presiones reiteradas del presidente Donald Trump para que la Mandataria Claudia Sheinbaum actúe en contra de los políticos narcos y/o corruptos, podríamos encontrar el verdadero origen, más político que otra cosa, de la salida del senador tabasqueño.

La buena noticia es que ya lo movió del cargo. La mala, que permanece como senador, con la protección del fuero y, aparentemente, con una tarea que le permitirá continuar participando, políticamente, a sus anchas. Porque de lealtades, mejor ni hablamos.