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Por Miguel Tirado Rasso

Lo que le funcionó bien a Trump,
en un principio, su amenaza de aranceles
a diestra y siniestra y a nivel global, que
dobló voluntades, ha perdido efectividad
en países que le han salido respondones.

Imprevisible como el que más, el Presidente de los EUA, Donald Trump, continua con el manejo de los aranceles, como su arma favorita, para amedrentar y ablandar a los países que no se ajustan a sus caprichos o a sus ocurrencias. A partir de que asumió la Presidencia del país más poderoso del planeta, hace poco más de un año, este Mandatario encontró la fórmula para gobernar sin necesidad del aval del Congreso a través de la firma de órdenes ejecutivas. Sólo en su primer año de gobierno, emitió 225 de estas órdenes.

A Trump le urge ganar tiempo. Sólo cuenta con tres años más para cumplir sus promesas de campaña y concretar sus obsesiones expansionistas. Pero, además, tiene otra amenaza más próxima. En noviembre de este año se llevarán a cabo las elecciones intermedias en su país, en las que corre el riesgo de perder el control de la Cámara de Representantes. Actualmente las encuestas no le favorecen, pues anda por abajo del 50 por ciento en las preferencias y sigue en descenso. De perder el republicano parte del Congreso, su acelerado gobierno se verá obligado a bajar el ritmo, ya que se verá en la necesidad de negociar con la oposición, que no siempre aceptará sus ocurrencias. Además, tendrá que cumplir con enfadosos requisitos que imponen las leyes para la legalidad de sus actos de gobierno.

Lo que le funcionó bien a Trump, en un principio, su amenaza de aranceles a diestra y siniestra y a nivel global, que dobló voluntades, ha perdido efectividad en países que le han salido respondones. La imposición de estas medidas, ha alterado la economía mundial y afectado la economía norteamericana. Entre otros, por el aumento en los precios de los productos importados. Finalmente, el consumidor norteamericano es el que paga esos incrementos.

El manejo que ha hecho el Mandatario estadounidense de estos derechos aduaneros como arma de presión y amedrentamiento, ha topado, en ocasiones, con reacciones inesperadas por parte de algunas naciones dispuestas a responderle con la misma moneda. Además, ante las reacciones negativas en los mercados, Trump ha tenido que dar marcha atrás con sus órdenes ejecutivas. Algo que, al cabo de un año, se ha convertido en una práctica recurrente. A este estilo de poner y quitar o reducir aranceles, sin más, el columnista del diario británico Financial Times, Robert Amstrong, lo bautizó como “Trump siempre se acobarda” (TACO, por sus siglas en inglés). Lo que ha ocurrido, no pocas veces.

El más reciente ejemplo del TACO, ocurrió hace poco más de una semana, cuando este Mandatario amenazó a los países europeos, que se oponían a su intención de apoderarse de Groenlandia, por las buenas, compraventa, o por las malas, intervención militar, con imponerles un arancel del 10 por ciento, a partir del 2 de febrero, que podría elevarse hasta un 25 por ciento, si para el primero de junio no se llegaba a un acuerdo sobre la compra del país danés.

Los países amenazados Dinamarca, Reino Unido, Finlandia, Suecia, Alemania, Noruega, Países Bajos y Francia, le plantaron cara al magnate. No nos dejaremos chantajear, le dijeron. En una respuesta firme y coordinada de la Unión Europea (UE), se consideró la posibilidad de activar el Instrumento Anticoerción. Una “bazuca comercial” le llaman, diseñada para proteger a sus estados miembros ante una coerción económica proveniente de otros países. Las medidas de este Instrumento van, desde la disuasión hasta el cierre del acceso al mercado único de UE, en casos extremos. Esta amenaza, que no es menor por el alto costo que podría significarle a las empresas norteamericanas y su impacto en la economía mundial, “convenció” al Presidente Trump, para moderar su prepotencia y cancelar los aranceles anunciados.

Pero, Trump es Trump y, si bien anunció la cancelación de sus amenazantes aranceles, no desiste en su intención de apoderarse de Groenlandia, cuya soberanía, los países europeos están decididos a defender. El Mandatario alega que necesita a Groenlandia desde el punto de vista de seguridad nacional, ante la amenaza que, según él, representan China y Rusia, pero en el fondo hay otras razones. El acceso y explotación de sus ricos yacimientos de petróleo, gas, oro, titanio y, en particular, tierras raras, indispensables para la industria militar. Este país ocupa el octavo lugar mundial en reservas de estos elementos químicos. Y la tercera razón del interés trumpiano por esta enorme isla, es de imaginar, su obsesión imperialista.

Groenlandia y la Unión Europea no la tienen fácil.