Compartir

+ Edomex enfrenta presión sindical, en sectores como la construcción, el transporte, la industria alimentaria y la manufactura.

Por Daniel Lee

Mientras el discurso oficial insiste en que México vive una “primavera laboral”, los datos duros cuentan una historia muy distinta. En 2025, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) registró la pérdida de 25 mil 667 patrones, una cifra histórica que equivale a más de tres empresas cerrando o saliendo de la formalidad cada hora. No se trata de una estadística menor: son negocios que dejaron de generar empleo formal, de pagar cuotas, de sostener cadenas productivas locales.
El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ha sido claro: la reducción se concentró en micro y pequeñas empresas, aquellas con uno a cinco trabajadores, que representan el tejido real de la economía mexicana y, particularmente, del Estado de México. Son estas empresas las que no resisten el aumento acumulado de costos laborales, la inseguridad y un entorno jurídico cada vez más incierto.
Es cierto que al cierre de diciembre de 2025 el IMSS reportó 22.5 millones de trabajadores afiliados, la cifra más alta para ese mes. Sin embargo, el crecimiento anual fue de apenas 278 mil nuevos registros, un desempeño mediocre si se compara con años previos y claramente insuficiente para una economía del tamaño de México.
Más grave aún: el propio IMSS reconoce que en diciembre se perdieron 320 mil registros, una caída menor a otros años, pero que ocurre en un contexto alarmante: cada vez hay menos patrones capaces de sostener nóminas.
El empleo formal sobrevive, pero sin bases sólidas, sostenido más por inercia que por una estrategia integral de desarrollo productivo.
Estado de México: presión sindical y omisiones políticas
En el Estado de México, esta crisis adquiere una dimensión particular. La entidad concentra uno de los mayores números de trabajadores afiliados al IMSS, pero también una fuerte presión sindical, especialmente en sectores como la construcción, el transporte, la industria alimentaria y la manufactura.
Sindicatos históricos y organizaciones gremiales vinculadas a estructuras corporativas —muchas de ellas heredadas del viejo modelo priista— siguen operando bajo esquemas de control, intermediación opaca y cuotas informales, lo que incrementa los costos reales para pequeños y medianos empleadores. A esto se suma la falta de una política laboral moderna por parte del gobierno estatal, hoy encabezado por Delfina Gómez, que ha optado por una narrativa social sin una estrategia clara de equilibrio entre derechos laborales y viabilidad empresarial.
La Secretaría del Trabajo del Estado de México ha sido particularmente pasiva frente a prácticas sindicales abusivas, contratos de protección y conflictos laborales que terminan asfixiando a pequeños patrones. El resultado es previsible: cierres, despidos silenciosos y migración a la informalidad.
Reformas sin diagnóstico, costos sin acompañamiento
El aumento al salario mínimo, la ampliación de vacaciones, el encarecimiento de prestaciones y la discusión sobre la reducción de la jornada laboral no son, por sí mismos, medidas equivocadas. El problema es que se implementaron sin un diagnóstico territorial ni sectorial, y sin esquemas de acompañamiento fiscal o productivo para las empresas más vulnerables.
En entidades como el Estado de México, donde la inseguridad, la extorsión y la incertidumbre jurídica son parte del día a día, estas reformas se convierten en una carga adicional que muchos negocios simplemente no pueden absorber.
A ello se suma la reforma judicial, que ha incrementado la percepción de riesgo legal entre inversionistas y patrones. La consecuencia es clara: menos apertura de centros de trabajo, más cierres anticipados y una creciente desconfianza para contratar formalmente.
El costo social del colapso empresarial
Cada patrón que desaparece no es solo una empresa menos: es una familia sin ingreso estable, un trabajador empujado a la informalidad y un sistema de seguridad social debilitado. Paradójicamente, las políticas que dicen defender al trabajador están contribuyendo a reducir el empleo de calidad.
En el Estado de México, esto se traduce en más comercio informal, más subcontratación encubierta y mayor dependencia de esquemas precarios que los sindicatos tradicionales no representan ni protegen. Así las cosas; hasta la próxima…