Compartir *Áltica implementó un estudio de percepción inmediata Por Daniel Lee En comunicación política, una de las distinciones más relevantes -y con frecuencia ignoradas- es la que existe entre la implementación real de las políticas públicas y el universo de las percepciones sociales. Cuando Aldous Huxley publicó Un mundo feliz, imaginó una sociedad de castas donde el pensamiento crítico era deliberadamente neutralizado en nombre de la estabilidad.La democracia contemporánea, sin embargo, opera bajo una lógica distinta: la esfera pública conserva una capacidad de deliberación propia que las élites políticas suelen subestimar. De ahí surge una fractura persistente entre los discursos oficiales y el sentir genuino de la ciudadanía, como advierte Cándido Martínez Manrique, director de Áltica Research.El inicio de 2026 en América Latina ofrece un ejemplo elocuente de esta tensión. El 3 de enero, la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos sacudió el tablero regional y global. Las reacciones de los gobiernos latinoamericanos fueron inmediatas, desde México hasta el Cono Sur, pero no necesariamente representativas del pulso social. En muchos casos, respondieron más a alineamientos diplomáticos, compromisos ideológicos o cálculos de política exterior que a la percepción ciudadana.“Para dimensionar esta brecha entre la clase política y la opinión pública, en Áltica Research realizamos un estudio de percepción inmediata. El levantamiento comenzó el mismo día de los hechos, mediante una combinación de metodologías telefónicas y digitales apoyadas en nuestro nuevo panel regional. El ejercicio abarcó nueve países clave por su peso estratégico y viabilidad técnica: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Perú y Uruguay. Si bien el análisis no incluye a actores relevantes como Brasil, Bolivia o Estados Unidos, los resultados ofrecen ya un retrato revelador del momento político latinoamericano”, enfatizó Cándido Martínez. Los hallazgos, dijo, muestran una región donde la racionalidad ciudadana sigue rutas distintas a las de los palacios presidenciales. El caso de Colombia resulta paradigmático. Mientras el presidente Gustavo Petro calificó la acción estadounidense como un “secuestro” y apeló a una retórica nacionalista -con referencias al despertar del “Jaguar”-, el estudio revela que Colombia, junto con Chile y Costa Rica, encabeza el respaldo regional a la detención de Maduro. Para amplios sectores de la ciudadanía, la prioridad no es la defensa abstracta de la soberanía, sino la necesidad urgente de enfrentar una crisis de seguridad, migración y criminalidad transnacional que impacta directamente en su vida cotidiana. El contraste se vuelve aún más evidente al analizar la credibilidad de las acusaciones formuladas desde Washington. En México, la opinión pública aparece dividida y marcada por el escepticismo, con un significativo 15 % de personas indecisas, reflejo de una historia compleja y ambivalente frente a Estados Unidos. En cambio, en Chile y Costa Rica, cerca del 75 % de los ciudadanos considera verosímiles las acusaciones de narcotráfico lanzadas por Donald Trump contra Maduro. Aquí, la narrativa del llamado “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe no se impone por sumisión geopolítica, sino porque conecta con una demanda interna de “mano dura” frente al crimen organizado, un clima que ha favorecido electoralmente a figuras como José Antonio Kast. No obstante, la opinión pública latinoamericana no otorga un cheque en blanco al intervencionismo. Este es, quizá, el hallazgo más significativo del panel. Ecuador encarna una paradoja reveladora: mientras el presidente Daniel Noboa celebra la caída de lo que denomina un régimen “narco-chavista”, la ciudadanía ecuatoriana presenta uno de los niveles más altos de rechazo a la detención y lidera la percepción de vulnerabilidad regional. El temor no es ideológico, sino preventivo. En un país atravesado por una profunda crisis de seguridad interna, el 78 % de los ecuatorianos considera posible que Estados Unidos pueda intervenir militarmente en su territorio bajo argumentos similares en el futuro. Finalmente, la deliberación ciudadana -en un sentido profundamente habermasiano- revela una convergencia que supera la polarización de los liderazgos políticos. Ante la pregunta sobre quién debería asumir el poder en Venezuela, la respuesta mayoritaria en la región no apunta ni a una autoridad impuesta por Estados Unidos ni a la continuidad del chavismo. La opción preferida es la oposición venezolana. La demanda dominante es por legalidad, transición institucional y salida política, no por ocupación ni tutela extranjera. Huxley imaginó un futuro en el que la verdad quedaría ahogada en un océano de distracciones y conformismo inducido. Se equivocó al subestimar al ciudadano. América Latina, frente a un evento de la magnitud de la caída de Maduro, no está anestesiada ni reacciona mecánicamente a los dictados de sus “alfas” políticos. La región piensa, pondera riesgos y oportunidades, y construye una opinión pública propia que, para sorpresa de muchas élites, demuestra una creciente autonomía crítica. Navegación de entradas Investigadores avanzan para convertir desechos agroindustriales en platos degradables: IPN
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