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Por Daniel Lee

+El gran negocio de la basura

La recolección de basura en la capital del país y el Estado de México no es únicamente un servicio público esencial; también es un sistema que moviliza recursos económicos de gran escala y que, de acuerdo con testimonios de trabajadores y datos oficiales, opera con escasos mecanismos de trazabilidad pública, particularmente en el manejo de materiales reciclables.
En este contexto, el nombre de Hugo Alonso Ortiz, dirigente del sindicato de trabajadores de limpia de la CDMx vuelve a aparecer en denuncias internas de trabajadores, quienes desde hace años han señalado presuntas prácticas como venta de plazas, cobro de cuotas y control discrecional del trabajo.
Estas acusaciones han sido motivo de protestas y conflictos laborales en distintos momentos, aunque hasta ahora no se ha informado públicamente de resoluciones judiciales firmes al respecto.
Trabajadores consultados aclaran que sus señalamientos no constituyen acusaciones legales, sino relatos de prácticas que, aseguran, forman parte de una estructura de control histórico dentro del sistema de limpia y que se habría visto fortalecida con la concentración del reciclaje.

Según cifras de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), en la Ciudad de México se generan diariamente entre 12 y 13 mil toneladas de residuos sólidos urbanos, de los cuales alrededor del 35 por ciento corresponde a materiales con valor comercial, como cartón, PET, aluminio y vidrio. La comercialización de estos residuos, explican especialistas en gestión ambiental, puede representar ingresos millonarios mensuales cuando se concentra su venta a gran escala.
¿Quién transporta el material reciclable?
El control de: camiones, rutas y centros de transferencia, lo que implica contratos de combustible, mantenimiento, arrendamiento de unidades. Muchos de estos servicios se contratan o subcontratan en Edomex, donde: Hay menor escrutinio mediático y mayor tolerancia a esquemas sindicales mixtos (formal–informal).
Cambios en el modelo de recolección
Históricamente, una parte significativa del reciclaje fue recuperada por recolectores informales, quienes separaban materiales directamente en calles y domicilios para venderlos de manera independiente. Este esquema, que carecía de reconocimiento laboral formal, representaba el sustento de miles de personas, muchas de ellas jóvenes, sin salario fijo ni prestaciones.
Sin embargo, trabajadores de campo y recolectores entrevistados señalan que, tras modificaciones recientes en el modelo de recolección en la capital, el material reciclable debe entregarse ahora de manera obligatoria a los camiones de limpia, lo que impide su conservación para venta directa. Bajo este esquema, afirman, la comercialización del reciclaje queda concentrada en las estructuras que controlan camiones, rutas y centros de transferencia, cuya operación depende de las alcaldías y de la propia Sedema.
Un eslabón opaco del sistema
De acuerdo con testimonios recabados, el reciclaje se ha convertido en el segmento más rentable y menos transparente del sistema de residuos. A diferencia del servicio de recolección, cuyos costos están presupuestados, la venta de materiales reciclables se realiza mayoritariamente en efectivo, sin reportes públicos que permitan conocer volúmenes exactos, precios de venta o destinos finales del material.
Especialistas consultados advierten que esta falta de información dificulta evaluar quiénes se benefician económicamente del reciclaje y bajo qué mecanismos se administra dicho ingreso, particularmente cuando los residuos salen de los límites territoriales de la capital para su acopio o procesamiento.