
Miguel Tirado Rasso
mitirasso@yahoo.com.mx
Cuidando más posición y chamba,
ante un problema en el que no quedaba claro de qué lado se inclinaba la balanza,
para no equivocarse, como dice el clásico,
callaron como momias.
Con un oportunismo digno de mejor causa, al día siguiente de que se exonerara al diputado Cuauhtémoc Blanco de ser sometido a un proceso de desafuero, el vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar, informaba sobre la presentación de una reforma constitucional para eliminar el fuero que impide a los legisladores, diputados y senadores y al Ejecutivo comparecer ante las autoridades por denuncias penales.
Por su importancia, el legislador morenista, consideraba urgente la aprobación de esta reforma. Pero si bien, conveniente y necesaria la iniciativa, su precipitada presentación sugería que, más que urgente, se trataba de una estrategia de control de daños, fallida, por cierto, tras el escándalo por la impunidad otorgada al ex futbolista metido a la política y que generó desencanto, fisuras, enojo e indignación dentro y fuera de Morena.
El hecho de que el propio diputado Ramírez Cuéllar retirara su reforma solo ocho días después de presentarla, estaría confirmando esta hipótesis, en el mejor de los casos. Otra interpretación podría llevarnos a pensar que se trató de otro batazo a una iniciativa de Palacio. ¿Qué tanto compromiso hay con el ex gobernador morelense? ¿A quién le interesa proteger, a capa y espada, a un personaje que ha violado abiertamente los tres principios del mandamiento morenista?
No robar, de su gestión como gobernador hay investigaciones que muestran irregularidades y malos manejos de los recursos públicos y corrupción. No mentir ¿habrá quién le crea algo a este personaje que sumió en la violencia e inseguridad a los morelenses? No traicionar al pueblo, las relaciones peligrosas de Cuauhtémoc se antepusieron al cumplimiento de sus compromisos con sus gobernados.
Por eso, en los estudios de opinión, siempre apareció entre los gobernadores peor evaluados. Para Morena, la denuncia en contra de uno de sus miembros (adoptado), pusieron a prueba al gobierno, su partido y al segundo piso de la 4T, de la que, habría que decir, no salieron bien librados.
Pudo más el poder oculto y su muy conocido machismo, que marcó la línea a seguir, al menos, según las apariencias. Porque, es sabido, que los diputados morenistas no se mandan solos y el pastor de la bancada en el Congreso tuvo que operar rápido y con todas las armas posibles, inclusive con amenazas, ya que algunas diputadas se habían salido del huacal, logrando un buen posicionamiento de su causa en los medios.
El diputado Ricardo Monreal, viejo lobo de mar, supo cómo convencer a las diputadas de Morena para que desistieran de sus principios, ignoraran las razones de género, renunciaran al empoderamiento femenino y se volcaran a defender al acusado de abuso sexual, ignorando los derechos de la denunciante.
Al inconcebible grito de “No estás solo”, las legisladoras sometidas protegieron al acusado. Algunas convencidas, quizás; muchas, suponemos, no tanto, más bien reprimidas por las amenazas del poder político, por cierto, masculino. Pero lo importante era cumplirle a quien no permite que toquen a sus recomendados, sin importar de quién se trate, aunque el costo político sea elevado y recaiga en la jefa del Ejecutivo.
A la Primera Mandataria -por su elevadísima posición- le correspondía dar ejemplo de sororidad. Su compromiso, pues, con el “yo sí te creo”. Por congruencia, también demostrar, con hechos, que, ¡llegamos todas!, no fue una mera proclama retórica. Pero la doctora prefirió, criticar al fiscal de Morelos y destacar las diferencias políticas del funcionario con el ex gobernador.
De la denunciante, nada. El tema del desafuero del diputado Blanco, significó también un problema de definición para varias mujeres morenistas empoderadas en altos puestos de gobierno y políticos.
Cuidando más posición y chamba, ante un problema en el que no quedaba claro de qué lado se inclinaba la balanza, para no equivocarse, como dice el clásico, callaron como momias. Fue hasta después de la votación que liberó al diputado del proceso de desafuero, que las secretarias de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y de las Mujeres, Citlali Hernández, así como la presidenta del Partido Morena, Luisa María Leal, se animaron a romper un penoso silencio. Pero si algo caracterizó sus declaraciones, fue el cuidado para no comprometerse. Hacer referencia a las deficiencias, según ellas, de la carpeta de investigación y a las fallas del Fiscal de Morelos, fue el pretexto para no hablar sobre la denuncia y los derechos de la víctima del intento de violación.
Por cierto, de la presidenta de la CNDH, ni su luz. De seguir así, evitando tomar posiciones y defendiendo todo lo relacionado con el pasado reciente, la gobernanza va a ser más difícil y con riesgos de fracturas internas.
Abril 3 de 2025