Compartir Mañoño A diario le salía una bolita blanca que, por cierto, no le causaba grima. Al contrario, felicitaba la aparición de una nueva a la que mimaba y consentía como a las demás. Vivía contento: escribía feliz, sin preocuparse del qué dirán, sin miedo a la crítica.Cierta tarde fatídica, un golpe de viento le arrancó el tupé; el peluquín y las ideas se fueron en el mismo viaje. Ahora se ve vagar a un hombre calvo, triste, desilusionado… Navegación de entradas Cultura Impar: Los pederastas sueltos, gastan millones y viven impunes Desde las Alturas: Faltan 469 días para que termine RAYMUNDO MARTÍNEZ